El Economista
Un negocio modesto se puede convertir en una gran fortuna. Es el caso del empresario Rick Senko, un hombre que empezó a revender artículos usados en eBay cuando estaba "completamente arruinado", desempleado y padre soltero de un niño de 5 años, tal y como se recoge en la historia contada por CNBC Make It.
Llueve sobre mojado en la un día todopoderosa industria de Alemania. Dentro de la crisis existencial que atraviesa un sector durante décadas el espejo al que mirarse, cada nuevo dato que se conoce reproduce invariablemente la misma dinámica: o una brusca caída que multiplica los temores o un tímido repunte que, en todo caso, deja ver una mejoría cíclica pero en ningún caso un punto de inflexión. Si los datos relativos a agosto mostraron ese brusco retroceso, los de septiembre reflejan una mejora a todas luces insuficiente en un mundo en el que los colosos colosos chino y el estadounidense avanzan a toda velocidad y 'no hacen prisioneros'. Puede que Alemania todavía se siente en la mesa de los 'grandes', pero desde luego ya no decide el menú.
España se está convirtiendo en una 'rara avis' en materia migratoria dentro de Europa. Mientras que la mayor parte de los países del euro están modificando sus políticas para restringir la entrada de ciudadanos extranjeros, las autoridades españolas presumen de la entrada de cientos de miles de personas que llegan cada año de fuera buscando una vida mejor. Lo cierto es que, hasta ahora, estas personas se han incorporado en buena parte al mercado laboral, generando un mayor crecimiento del PIB, pero también calentando el precio de la vivienda (la oferta apenas crece y cada vez somos más) y tensionando algunos servicios públicos que parecen infrafinanciados. Mientras que España parece abrir las puertas, sus vecinos las cierran. El último en dar un portazo ha sido Portugal, uno de los países que históricamente ha sido más flexible con la llegada de extranjeros, ha dado un giro radical a su política migratoria, dejando a España casi sola en Europa. Este cambio puede tener varias implicaciones, en lo económico podría reducir el crecimiento potencial de la economía lusa, donde las vacantes de empleos son elevadas y la tasa de paro está cerca de mínimos históricos.
España se está convirtiendo en una 'rara avis' en materia migratoria dentro de Europa. Mientras que la mayor parte de los países del euro están modificando sus políticas para restringir la entrada de ciudadanos extranjeros, las autoridades españolas presumen de la entrada de cientos de miles de personas que llegan cada año de fuera buscando una vida mejor. Lo cierto es que, hasta ahora, estas personas se han incorporado en buena parte al mercado laboral, generando un mayor crecimiento del PIB, pero también calentando el precio de la vivienda (la oferta apenas crece y cada vez somos más) y tensionando algunos servicios públicos que parecen infrafinanciados. Mientras que España parece abrir las puertas, sus vecinos las cierran. El último en dar un portazo ha sido Portugal, uno de los países que históricamente ha sido más flexible con la llegada de extranjeros, ha dado un giro radical a su política migratoria, dejando a España casi sola en Europa. Este cambio puede tener varias implicaciones, en lo económico podría reducir el crecimiento potencial de la economía lusa, donde las vacantes de empleos son elevadas y la tasa de paro está cerca de mínimos históricos.
El Ministerio de Trabajo, los sindicatos CCOO y UGT y las patronales CEOE y Cepyme no han logrado llegar a un acuerdo en la cita celebrada el miércoles sobre la ampliación del permiso retribuido por fallecimiento hasta 10 días propuesta por la cartera que dirige la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Es el coste a asumir por parte de la empresa el que ha marcado la distancias entre los sindicatos y la patronal, aunque seguirán negociando en un nueva reunión que se producirá antes de finalizar el mes.







